LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.
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lunes, 2 de mayo de 2011

BIOGRAFÍA DEL BEATO JUAN PABLO II


Karol Józef WoJtyła nació en Wadowice (Polonia), el 18 de mayo de 1920. Fue el segundo de los dos hijos de Karol Wojtyła y de Emilia Kaczorowska, que murió en 1929. Su hermano mayor Edmund, de profesión médico, murió en 1932 y su padre, suboficial del ejército, en 1941. 

A los nueve años recibió la Primera Comunión y a los dieciocho el sacramento de la Confirmación. Terminados los estudios en la escuela media de Wadowice, en 1938 se matriculó en la Universidad Jagellónica de Cracovia. 

Cuando las fuerzas de la ocupación nazista cerraron la Universidad en 1939, el joven Karol trabajó (1940-1944) en una cantera y en una fábrica química de Solvay para poder mantenerse y evitar la deportación a Alemania. Sintiendo la llamada al sacerdocio, a partir de 1942 siguió los cursos de formación en el seminario mayor clandestino de Cracovia, dirigido por el Card. Arzobispo Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del “Teatro Rapsódico”, también éste clandestino. 

Después de la guerra, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en Cracovia el 1 de noviembre de 1946. Seguidamente, fue enviado por el Card. Sapieha a Roma, donde obtuvo el doctorado en teología (1948) con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de san Juan de la Cruz. En este período –durante las vacaciones– ejerció el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos en Francia, Bélgica y Holanda.


En 1948, regresó a Polonia y fue coadjutor, primero, en la parroquia de Niegowić, en los alrededores de Cracovia, y después en la de San Florián, en la ciudad, donde fue también capellán de los universitarios hasta 1951, cuando retomó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953, presentó en la Universidad Católica de Lublín una tesis sobre la posibilidad de fundamentar una ética cristiana a partir del sistema ético de Max Scheler. Más tarde, fue profesor de Teología Moral y Ética en el seminario mayor de Cracovia y en la Facultad de Teología de Lublín. 

El 4 de julio de 1958, el Papa Pío XII lo nombró Obispo Auxiliar de Cracovia y titular de Ombi. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958, en la catedral de Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.
El 13 de enero de 1964, fue nombrado Arzobispo de Cracovia 
por Pablo VI, que lo crearía Cardenal el 26 de junio 1967. Participó en el Concilio Vaticano II (1962-65) dando una importante contribución a la elaboración de la constitución Gaudium et spes. El Cardenal Wojtyła participó también en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos, anteriores a su Pontificado. 

Fue elegido sucesor de San Pedro, con el nombre de Juan Pablo II, el 16 de octubre de 1978, y el 22 de octubre inició su ministerio de Pastor universal de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II realizó 146 visitas pastorales en Italia y, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 332 actuales parroquias romanas. Los viajes apostólicos por el mundo –expresión de la constante solicitud pastoral del Sucesor de Pedro por todas las Iglesias–han sido 104. Entre sus documentos principales, se encuentran 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas. Al Papa Juan Pablo II se le atribuyen también 5 libros: “Cruzando el umbral de la esperanza” (octubre 1994); “Don y misterio: en el cincuenta aniversario de mi sacerdocio” (noviembre 1996); “Tríptico romano”, meditaciones en forma di poesía (marzo 2003); “¡Levantaos, vamos!” (mayo 2004) y “Memoria e Identidad” (febrero 2005). El Papa Juan Pablo celebró 147 ritos de beatificación –en los cuales proclamó 1338 beati– y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Tuvo 9 concistorios, en los que creó 231 (+ 1 in pectore) Cardinales. Presidió también 6 reuniones plenarias del Colegio Cardinalicio. Desde 1978, convocó 15 asambleas del Sínodo de los Obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 asamblea general extraordinaria (1985) y 8 asambleas especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 [2] y 1999). El 13 de mayo de 1981 sufrió un grave atentado en la plaza de San Pedro. Salvado por la mano maternal de la Madre de Dios, después de una larga hospitalización y convalecencia, perdonó a su agresor y, consciente de haber recibido una nueva vida, intensificó sus compromisos pastorales con heroica generosidad. En efecto, su solicitud de Pastor encontró además expresión en la erección de numerosas diócesis y circunscripciones eclesiásticas, en la promulgación de los Códigos de derecho canónico latino y de las iglesias orientales, en la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica. Proponiendo al Pueblo de Dios momentos de 
particular intensidad espiritual, convocó el Año de la Redención, el Año Mariano y el Año de la Eucaristía, además del Gran Jubileo de 2000. Se acercó a las nuevas generaciones con las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud. Ningún otro Papa ha encontrado a tantas personas como Juan Pablo II: en las Audiencias Generales de los miércoles (más de 1.160) han participado más de 17 millones y medio de peregrinos, sin contar todas las demás audiencias especiales y las ceremonias religiosas (más de 8 millones de peregrinos sólo durante el Gran Jubileo del año 2000), y los millones de fieles con los que se encontró durante las visitas pastorales en Italia y en el mundo; numerosas también las personalidades políticas recibidas en audiencia: se pueden recordar a título de ejemplo las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con Jefes de Estado, e incluso las 246 audiencias con Primeros Ministros. Murió en Roma, en el Palacio Apostólico Vaticano, el sábado 2 de abril de 2005 a las 21.37 h., en la vigilia del Domingo in Albis y de la Divina Misericordia, instituida esta última por él. Los solemnes funerales en la Plaza de San Pedro y su sepultura en las Grutas Vaticanas fueron celebrados el 8 de abril.

domingo, 1 de mayo de 2011

BEATO JUAN PABLO II



BEATO JUAN PABLO II

Nos, acogiendo el deseo de Nuestro hermano Agostino, Cardenal Vallini, Nuestro Vicario General para la Diócesis de Romade otros muchos Hermanos en el Episcopado y de muchos fielesdespués de haber oído el parecer de la Congregación de la Causa de los Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que el Venerable Siervo de Dios, Juan Pablo II, papa, de ahora en adelante sea llamado Beato y que se pueda celebrar su fiesta en el lugar y según la norma establecida en el derecho, todos los años el 22 de octubre.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 29 de abril de 2011

LAS VIRTUDES DE JUAN PABLO II

A continuación publico un articulo tomado del Padre Alberto Royo Mejía, consultor de la Santa Sede en la Congregación para las Causas de los Santos. Él actualmente tambien es vicario judicial en la diócesis de Getafe.

Hablar de la santidad de Juan Pablo II llevaría mucho más espacio de lo que puede caber en un artículo de opinión como éste, es más, llevaría libros enteros y de hecho ya se han publicado un buen número de ellos. El objeto de estas líneas es más modesto: Habiendo podido consultar la documentación recogida en el proceso de Beatificación del muy querido Pontífice, he querido reproducir algunos testimonios que me han parecido especialmente hermosos.

La Causa de Beatificación de Juan Pablo II ha incluido tres procesos distintos, uno llevado a cabo en Roma, otro en Cracovia y uno en Nueva York. En ellos fueron escuchados 122 testigos, todos tomados de entre los que mejor conocieron y trataron más a este gran Papa. Entre los testigos se incluyen 35 cardenales, 20 obispos (o arzobispos), 36 laicos -el grupo más nutrido-, 19 sacerdotes, 6 religiosos, 3 cristianos no católicos y un judío. Fueron elegidos cuidadosamente, era necesario que le hubiesen conocido bien, pues no bastan algunos encuentros ocasionales para juzgar la santidad de una persona, se requiere un largo conocimiento a lo largo de los años.

Se podrían traer aquí infinidad de citas más, aquí he escogido algunas pocas. En primer lugar, sobre su fe y su amor a Dios, comenta en el proceso el que fue su primer ceremoniero y después, como obispo, su buen amigo Mons. Magee:
Era un verdadero hombre de fe. Desde el primer momento que le traté me impresionó la profundidad de su fe. Era siempre consciente de la protección de Dios, de la presencia de Dios, y no tenía miedo a nada… Se le notaba que estaba siempre en presencia de Dios, la oración le venía espontáneamente a la boca. Su amor al Salvador era evidente. Por ejemplo, desde el principio del pontificado yo personalmente lo encontraba con frecuencia postrado por tierra ante el Tabernáculo o en su despacho, y lo mismo todas las noches durante sus viajes apostólicos”. (Summarium Super Virtutibus, II. P. 264)
Y añade:
El Siervo de Dio manifestó un profundo amor por el Señor. Toda su vida estaba impregnada, por decirlo así, por esta actitud suya hacia Cristo, era su amor por excelencia. Su modo de orar, su modo de hablar, su modo de vivir cada momento manifestaban su amor profundo y habitual a Jesús” (Summarium, p. 266)
Destacan mucho los testigos su vida de oración. Así lo explica, por ejemplo, la profesora Wanda Poltawska, amiga suya por más de 50 años:
Prácticamente rezaba siempre, puedo decir que estaba inmerso en la oración. Nunca he visto un éxtasis, pero emanaba la certeza de la cercanía a Dios. Cuando aparecían problemas difíciles, iba a rezar a la capilla. En toda circunstancia enseñaba a tener esperanza contra toda esperanza. Estaba profundamente convencido y lo decía con las siguientes palabras: ‘Recuerda que Dios lo sabe todo, lo gobierna todo’. A El le confiaba todas las cuestiones y estaba seguro que El las resolvería” (Summarium, IV, p. 57)
Su fiel secretario, don Stanislao Dziwisz, explica cómo la fe llevaba a Juan Pablo II a un gran optimismo y abandono en Dios:
Veía todo en modo positivo, no era pesimista, creía que Dios lo gobierna todo, confiaba en la acción del Espíritu Santo en el mundo y abandonaba todo en las manos de la Madre Santísima. Esta era su fuerza, nunca se abatía ni se dejaba condicionar por las contrariedades; ante las noticias adversas que le llegaban reaccionaba con la oración, poniendo todo en las manos de Cristo” (Summarium, II, p. 808)
Una amiga suya de Polonia y que continuó la amistad en Roma, Luzmila Gryegel, explica:
Ejercitó la virtud de la esperanza en grado heroico durante toda su vida. Se le notaba especialmente en los momentos difíciles y durante los acontecimientos trágicos, sea en su historia personal, sea en la historia de Polonia, y después en el mundo entero. Nunca perdía la serenidad y la tranquilidad. Tenía una enorme confianza en la intervención de la Divina Misericordia en la historia del mundo y de la Iglesia y sabía transmitirla tanto a cada persona como a la multitud de los fieles (Summarium, II, p. 847)
Alimentaba su fe y su esperanza en la Oración. Acerca de ella narra una anécdota el que fue presidente de Italia, Giulio Andreotti:
Tuve una impresión profunda cuando, visitando Cracovia, donde recibí un doctorado Honoris Causa, pude ver la capilla del palacio arzobispal, en ella había una mesa pequeña y me dijeron que el entonces Cardenal Wojtyla no sólo pasaba horas en la capilla, sino que los textos más importantes de su trabajo pastoral los escribía en esta mesa, que estaba junto al altar.” (Summarium, II, p. 180)
Esta otra hermosa anécdota nos viene del Cadenal Carlo Caffarra:
Cuando era su huésped en Castel Gandolfo, cada tarde salíamos al jardín a rezar juntos el rosario. Al acabarlo, el siervo de Dios me pedía que me alejase y se acercaba a la estatua de la Virgen de Lourdes. Yo me alejaba, pero desde lo lejos veía cómo se quedaba rezando, al menos media hora, y parecía que se transformaba a los pies de la Virgen” (Summarium, II, p. 378)
De este modo lo explica una de las religiosas que siempre estuvieron con él, en Polonia y en Roma, sor Eufroznya:
Vivía en oración, desde la mañana pronto hasta la noche, se puede decir. Por la tarde, acabado el trabajo, iba a la capilla. Iba a visitarle antes de las audiencias y cuando volvía de ellas. Si se despertaba por la noche, iba a la capilla. Durante la jornada entraba con frecuencia en la capilla, por no hablar de la hora de adoración eucarística diaria, que nunca dejó. Deseaba transmitir a los demás su amor al Santísimo Sacramento” (Summarium, II, p. 165)
La consecuencia de todo ello era la caridad, como explica sor Eufroznya:
Nunca lo oí hablar mal o con desprecio de nadie. Cuando le pedían por carta oraciones, celebraba la Misa por esa intención. Cuando se le hablaba de algún conocido que hacía años que no veía, era sorprendente oírle decir: “Yo rezo por él todos los días”. Una vez le pregunté cómo hacía para recordar a tantas personas, pero guardó silencio, no me respondió” (Summarium, II, p. 168)
Caridad concreta con cada persona, como cuenta una enfermera que le cuidó en las dos últimas veces que estuvo hospitalizado, en febrero y marzo del 2005:
Cuando fue hospitalizado en febrero del 2005, se dio cuenta que yo tenía problemas y me invitó a hablarle. Fue a través suyo que se produjo en mi una conversión a Dios, a la fe y a la práctica religiosa. Yo antes de conocerlo no me sentía especialmente atraída por Juan Pablo II, porque me había alejado de la práctica religiosa. Pero cuando entré en la habitación donde él estaba, tuve la sensación de vivir una dimensión distinta. Atendiéndole cada día me di cuenta que era una persona extraordinaria y cuando me llamó por mi nombre y me preguntó ¿Qué te pasa? Porque se daba cuenta de mis problemas, eso me animó a abrirme a él y fue la puerta para mi regreso a la práctica religiosa” (Summarium, II, p. 525)
El fotógrafo del Papa, Arturo Mari, cuenta una anécdota conmovedora acerca de la caridad concreta de Juan Pablo II:
En una ocasión me llamó don Estanislao para que acudiese a apartamento pontificio, era hacia el 1984-85. Cuando llegué encontré al Papa en la capilla, de rodillas en el suelo y junto a él un joven en silla de ruedas, se veía que estaba gravemente enfermo. Estuvieron una media hora rezando juntos, y al acabar el Papa se levantó, se quitó una cadena que llevaba en el cuello y se la puso en el cuello del joven. Éste, con dificultad, tocó la mano del Papa y le dijo, ‘Nos vemos en el paraíso”. Efectivamente, aquel joven falleció tres días después” (Summarium, II, p. 630)
Otra anécdota, que en modo tergiversado ha corrido por Internet, la narra en el modo real como ocurrió el cardenal Carlo Caffarra:
Un sacerdote me contó que reconoció a un pobre que pedía en la Via Traspontina, en Roma, era un ex sacerdote. Consiguió introducirlo en una audiencia que había en el Aula Clementina, haciendo que advirtiesen antes al Siervo de Dios de la presencia del ex sacerdote. Acabada la audiencia, el Siervo de Dios llamó al ex sacerdote a una sala, a solas. Al salir, el ex sacerdote lloraba y cuando le preguntamos el porqué contó que el Siervo de Dios le había pedido que le confesara. Acabada la confesión, le había dicho más o menos estas palabras: ‘Mira qué grande es el sacerdocio, no lo arruines” (Summarium, II, p. 380)
Los testimonios de su caridad son incontables en los documentos del proceso de Canonización. El hoy cardenal Dziwisz, su secretario, explica:
Nunca destinó dinero para su uso propio, era un hombre totalmente pobre, no aceptaba ni siquiera la paga que destinaba a la diócesis. Solamente usaba de lo que le daban por los artículos y los libros y eso lo usaba para obras de caridad” (Summarium, II, p. 803)
Monseñor Smolenski, añade algunos datos sobre su pobreza:
Las personas quedaban edificadas en modo particular por su pobreza. Una pobreza extrema en el vestir y en las cosas. Después de la elección como Papa nos pidieron que llevásemos al Vaticano sus cosas, pero no había nada que llevar, porque no tenía nada” (Summarium, III, p. 13)
Sor Tobiana, otra de las religiosas que lo cuidaban, explica:
Era pobre en espíritu y en realidad. No tenía ninguna propiedad. Consideraba lo que usaba como prestado. No le interesaba el dinero, ni lo conocía bien. Estaba dispuesto a donarlo todo si alguien se lo pedía, no estaba apegado a nada. Se lamentaba porque, como Papa, tenía muchas sotanas, decía que dos eran suficientes, que el Señor había dicho que dos túnicas eran suficientes” (Summarium, III, p. 193)
El Postulador de la Causa recuerda una anécdota ocurrida en Brasil cuando visitaba a los habitantes de las favelas:
Cuando caminaba por aquellas calles estrechas, bruscamente se volvió y a la puerta de una chabola vio una anciana que estaba sola. La abrazó, la besó en la mejilla, le dio su bendición y, quitándose el anillo de su dedo, se lo regaló a aquella señora. Cuando abandonó la chabola, la mujer no podía contener sus lágrimas” (Informatio, pp. 352-353)
Caridad, celo por la salvación de las almas y una profunda humildad se conjugan en la siguiente anécdota que narra Arturo Mari acerca de los últimos momentos del presidente Sandro Pertini, agnóstico, que gracias a su amistad con Juan Pablo II se había acercado a la fe:
Cuando Pertini estaba agonizante, quiso ver a su amigo Juan Pablo II. El Papa, interrumpiendo sus audiencias, fue al policlínico Humberto I, donde estaba hospitalizado, pero en la puerta de la habitación estaba la mujer del presidente, que no le dejó entrar en la habitación. El Papa comprobó con sus colaboradores que era Pertini el que le había llamado, pero no hubo manera de convencerla. El Papa pidió humildemente a la señora poder por lo menos sentarse en una silla a la puerta de la habitación, lo cual ella aceptó con desprecio. El Papa estuvo rezando el rosario por unos veinte minutos y, al acabar, hizo la señal de la cruz sobre la puerta del enfermo y dijo: “Ahora está en paz”. Se fue con sus colaboradores, sin haber podido saludar a Pertini” (Summarium, II, 629)
La humildad, que según todos los testigos fue una virtud predominante en Juan Pablo II, tuvo su prueba de fuego cuando en 1995 se le declaró el Parkinson:
Aceptó la creciente impotencia física con total abandono a la voluntad de Dios: Las dificultades respiratorias debidas a la enfermedad del Parkinson y la imposibilidad de moverse… Al final no podía ni hablar, pero expresaba su gratitud con los gestos de la mano… La dificultad de tragar y alimentarse y las limpiezas frecuentes de la sonda le ocasionaban muchos sufrimientos, pero él era muy paciente. En los últimos días en el hospital repetía que a San Pedro le habían crucificado cabeza abajo… Aunque sufriese mucho nunca se lamentaba” (Summarium, III, p. 184)
Andrea Riccardi, el fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, explica la evolución espiritual de Juan Pablo II con el paso de los años:
En 1978 era una gran figura de hombre, vigoroso, bueno, preocupado, un pastor muy disponible; con los años he visto que su corazón se ensanchaba en una dimensión universal para abrazar a todos, los pobres, los no cristianos, los pueblos lejanos. Creo que en el hubo un crecimiento en los dones espirituales y en su humanidad, fundado en la oración y una total disponibilidad a Dios manifestado en el darse a los hermanos. En resumen una dilatación de su amor y de su pastoralidad. Mi percepción es de un pastor bueno que con los años se convirtió en un pastor universal, probado por muchos sufrimientos, pero que no renunció a serlo.” (Riccardi, p. 567)
Y así la prudencia, la justicia, la templanza, la obediencia y las demás virtudes. Los testimonios son muchos y no me quiero alargar. Solamente concluyo con una anécdota que narra el Cardenal Deskur, gran amigo de Juan Pablo II. Es sobre el diálogo que tuvieron el joven sacerdote Farol Wojtyla y el P. Pío de Pietrelcina. Sobre dicho diálogo se ha especulado mucho, pero la realidad fue la siguiente:
He sabido directamente del Siervo de Dios que durante su encuentro con S. Pío de Pietrelcina se habló solamente de los estigmas porque el Siervo de Dios quería saber cual de los estigmas le procuraba mayor dolor. La respuesta de San Pío fue que la llaga más dolorosa era una que tenía en el hombro, donde Jesús llevaba la cruz. Esta llaga no la conocían los médicos y por eso no se la curaban nunca. No se habló del futuro del Siervo de Dios. Para él, su encuentro con el P. Pío quedó en la memoria como un recuerdo del peso de la cruz cotidiana” (Summarium., p. 93)
La santidad de Juan Pablo II no se basa en haber sido Papa ni en haber sido popular y querido por todos -o casi todos-, sino por haber vivido con heroicidad las virtudes cristianas día a día. En eso es un ejemplo para todos nosotros y por eso la Iglesia lo eleva a los altares.

jueves, 3 de marzo de 2011

Secreto de Fátima y atentado contra Juan Pablo II


En estos días, la parróquia va a comenzar una peregrinación al Santuario de la Virgen de Fátima. Con este motivo vamos a presentar algunos extractos del libro “Una vida con Karol”, el extraordinario testimonio del Cardenal Stanislaw Dziwisz, el hombre que fue durante décadas la sombra de Wojtyła.

Publicado por la editorial italiana Rizzoli y por la Librería Editora Vaticana, el volumen de memorias del actual Arzobispo de Cracovia constituye una larga conversación con el periodista Gian Franco Svidercoschi.
Los pasajes son extractos del capítulo 19 “Quei due colpi di pistola” (Aquellos dos disparos), del capítulo 20 “Ma chi ha armato la mano?” (Quién puso el arma en la mano) y del capítulo 26 “E cadde il Muro” (Y cayó el Muro).

Así es como don Estanislao relata el “descubrimiento” de una relación entre el atentado del 13 de mayo de 1981 y el tercer secreto de Fátima

En realidad, Juan Pablo II no pensó en Fátima en los días inmediatamente después del atentado. Fue más tarde, después de haberse recuperado y haber recobrado un poco las fuerzas, cuando comenzó a reflexionar sobre esa coincidencia tan peculiar. ¡Justo el 13 de mayo! El 13 de mayo, de 1917, fue el día de la primera aparición de la Virgen en Fátima, y el 13 de mayo era también el día en el que habían intentado asesinarlo.

Finalmente, el Papa se decidió. Pidió permiso para ver el tercer “secreto”, conservado en el Archivo de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y el 18 de julio, si no me equivoco, el entonces prefecto de la Congregación, el cardenal Franjo Seper, le entregó dos sobres – uno con el texto original de sor Lucía y otro con la traducción en italiano – a monseñor Eduardo Martínez Somalo, sustituto de la Secretaría de Estado, la persona que lo llevó al Policlínico Gemelli. Eran los días en los que tuvo que ser hospitalizado por segunda vez. Fue allí donde el Santo Padre leyó el “secreto” y, una vez leído, ya no tuvo más dudas. En aquella “visión” reconoció el propio destino; se convenció de que le habían salvado la vida, más bien, se la habían concedido nuevamente gracias a la intervención de la Virgen, a su protección.

Sí, es verdad, el “obispo vestido de blanco” fue asesinado aquel día, según informó sor Lucía; mientras que Juan Pablo II había escapado de una muerte casi segura. Y entonces, ¿No podría haber sido esa la intención? ¿No es posible que los caminos de la historia, de la existencia humana, no estén forzosamente preestablecidos, y por lo tanto, que exista una Providencia, una “mano materna”, capaz también de hacer “fallar” al que apuntó con el arma con la intención de matar?
“Una mano disparó y otra desvió la bala” decía el Santo Padre. Y hoy aquella bala, ahora “inocua”, permanece incrustada en la corona de la estatua de la Virgen de Fátima.”

¿Quién armó a Alì Agca?

Alì Agca era el asesino perfecto. Enviado por los que consideraban que el Papa era 
peligroso, incómodo. Por los que le tenían miedo. Enviado por los que tanto se asustaron cuando se anunció la elección de un Papa polaco. Dicho así, ¿cómo no se puede pensar en el mundo comunista? ¿Cómo no plantearse quién pudo decidir el atentado? ¿Cómo no se puede pensar, al menos en línea de hipótesis, en el Kgb? Habría que tener en cuenta todos los elementos de aquel escenario. La elección de un Papa polaco, mal vista por el Kremlin; su primera visita a Polonia; la explosión de Solidarnosc. En aquel momento, además, la Iglesia polaca acababa de perder a su gran primado, el cardenal Wyszynski, a penas fallecido. ¿No nos lleva todo hacia esa dirección? Las opciones, aunque diferentes, ¿no conducen todas hacia el Kgb?

( ... ) Tampoco se creía en la “pista búlgara”, ni en muchas otras reconstrucciones. Como aquella relativa a la desaparición de Emanuela Orlandi, donde la prensa, con la ayuda de algún mitómano, trataba de demostrar a toda costa la hipótesis de una conexión de ésta con el atentado, con el Vaticano, y con el Papa. Pero no existía ninguna conexión objetiva, directa o indirecta. La única cosa real era la angustia del Santo Padre por la suerte de esa pobre chica, y su solidaridad cristiana por la familia afectada.

La caída del Muro de Berlín en 1989 y las revelaciones de Fátima

Juan Pablo II no se lo esperaba. Evidentemente pensaba que aquel “sistema”, socialmente injusto y económicamente ineficiente, estuviera destinado, antes o después, a desaparecer. Pero la Unión Soviética seguía siendo una potencia geopolítica, militar y nuclear. Y por ello, no considerándose un profeta, como solía bromear, el Santo Padre no esperaba que la caída del comunismo ocurriera tan pronto. Y, sobre todo, que el movimiento de liberación se extendiera de forma tan rápida e incruenta.

( ... ) El Santo Padre la consideraba una de las revoluciones más grande de la historia. De hecho, analizándola en una dimensión de fe, la consideró como una intervención divina, como una gracia. Para él, la caída del comunismo y la liberación de las naciones del yugo del totalitarismo marxista estaban sin duda relacionadas con las revelaciones de Fátima, con la consagración del mundo y particularmente de Rusia a la Virgen. Ella misma pidió a la Iglesia y al Papa. “Si atendiesen a mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, extenderá sus errores por el mundo...” aparecía escrito en las dos primeras partes del “secreto”.
Y así, el 25 de marzo de 1984, en la plaza de San Pedro, ante la estatua de la Virgen traída expresamente desde Fátima, y en unión espiritual con todos los obispos del mundo, Juan Pablo II realizó el acto de consagración a María. Sin nominar expresamente a Rusia, pero aludiendo claramente a las naciones que “lo necesitan particularmente”. Así fue realizado el deseo de la Virgen, y justo entonces, comenzaron los primeros episodios de la caída del mundo comunista.

lunes, 28 de febrero de 2011

LA ESPERADA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Hace unos días recibimos la alegre noticia de que el Papa Juan Pablo II iba a ser beatificado. Esto para los cristianos es un aliciente para suplicar con insistencia al Padre del Cielo que nos conceda vivir la santidad. Este paso del Papa Benedicto es un llamada a todos los cristianos a no desanimarnos nunca en este camino tan bello y apasionante. Juan Pablo II nos ha dicho siempre a los jóvenes que no tengamos miedo a abrir las puertas de par en par a Cristo, que es posible alcanzar la santidad. Benedicto XVI nos decía que esta felicidad tiene un rostro concreto: Jesucristo.

En estos días vamos a ir preparandonos para la beatificación, que tendrá lugar el día 1 de mayo en la plaza San Pedro, a través de escrito acerca de Juan Pablo II. Comenzamos hoy con una breve biografía de su vida.

Karol Józef Wojtyła, conocido como Juan Pablo II desde su elección al papado en octubre de 1978, nació en Wadowice, una pequeña ciudad a 50 kms. de Cracovia, el 18 de mayo de 1920.
Era el más pequeño de los tres hijos de Karol Wojtyła y Emilia Kaczorowska. Su madre falleció en 1929. Su hermano mayor Edmund (médico) murió en 1932 y su padre (suboficial del ejército) en 1941. Su hermana Olga murió antes de que naciera él.

Fue bautizado por el sacerdote Franciszek Zak el 20 de junio de 1920 en la Iglesia parroquial de Wadowice; a los 9 años hizo la Primera Comunión, y a los 18 recibió la Confirmación. Terminados los estudios de enseñanza media en la escuela Marcin Wadowita de Wadowice, se matriculó en 1938 en la Universidad Jagellónica de Cracovia y en una escuela de teatro.

Cuando las fuerzas de ocupación nazi cerraron la Universidad, en 1939, el joven Karol tuvo que trabajar en una cantera y luego en una fábrica química (Solvay), para ganarse la vida y evitar la deportación a Alemania.
A partir de 1942, al sentir la vocación al sacerdocio, siguió las clases de formación del seminario clandestino de Cracovia, dirigido por el Arzobispo de Cracovia, Cardenal Adam Stefan Sapieha. Al mismo tiempo, fue uno de los promotores del "Teatro Rapsódico", también clandestino.

Tras la segunda guerra mundial, continuó sus estudios en el seminario mayor de Cracovia, nuevamente abierto, y en la Facultad de Teología de la Universidad Jagellónica, hasta su ordenación sacerdotal en Cracovia el 1 de noviembre de 1946 de manos del Arzobispo Sapieha.Seguidamente fue enviado a Roma, donde, bajo la dirección del dominico francés Garrigou-Lagrange, se doctoró en 1948 en teología, con una tesis sobre el tema de la fe en las obras de San Juan de la Cruz (Doctrina de fide apud Sanctum Ioannem a Cruce). En aquel período aprovechó sus vacaciones para ejercer el ministerio pastoral entre los emigrantes polacos de Francia, Bélgica y Holanda.

En 1948 volvió a Polonia, y fue vicario en diversas parroquias de Cracovia y capellán de los universitarios hasta 1951, cuando reanudó sus estudios filosóficos y teológicos. En 1953 presentó en la Universidad Católica de Lublin una tesis titulada "Valoración de la posibilidad de fundar una ética católica sobre la base del sistema ético de Max Scheler". Después pasó a ser profesor de Teología Moral y Etica Social en el seminario mayor de Cracovia y en la facultad de Teología de Lublin.

El 4 de julio de 1958 fue nombrado por Pío XII Obispo titular de Olmi y Auxiliar de Cracovia. Recibió la ordenación episcopal el 28 de septiembre de 1958 en la catedral del Wawel (Cracovia), de manos del Arzobispo Eugeniusz Baziak.

El 13 de enero de 1964 fue nombrado Arzobispo de Cracovia por Pablo VI, quien le hizo cardenal el 26 de junio de 1967, con el título de San Cesareo en Palatio, Diaconía elevada pro illa vice a título presbiteral.

Además de participar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), con una contribución importante en la elaboración de la constitución Gaudium et spes, el Cardenal Wojtyła tomó parte en las cinco asambleas del Sínodo de los Obispos anteriores a su pontificado.

Los cardenales reunidos en Cónclave le eligieron Papa el 16 de octubre de 1978. Tomó el nombre de Juan Pablo II y el 22 de octubre comenzó solemnemente su ministerio petrino como 263 sucesor del Apóstol Pedro. Su pontificado ha sido uno de los más largos de la historia de la Iglesia y ha durado casi 27 años.
Juan Pablo II ejerció su ministerio petrino con incansable espíritu misionero, dedicando todas sus energías, movido por la "sollicitudo omnium Ecclesiarum" y por la caridad abierta a toda la humanidad. Realizó 104 viajes apostólicos fuera de Italia, y 146 por el interior de este país. Además, como Obispo de Roma, visitó 317 de las 333 parroquias romanas.

Entre sus documentos principales se incluyen: 14 Encíclicas, 15 Exhortaciones apostólicas, 11 Constituciones apostólicas y 45 Cartas apostólicas.Publicó también cinco libros como doctor privado: "Cruzando el umbral de la esperanza" (octubre de 1994);"Don y misterio: en el quincuagésimo aniversario de mi ordenación sacerdotal" (noviembre de 1996); "Tríptico romano - Meditaciones", libro de poesías (marzo de 2003); “¡Levantaos! ¡Vamos!” (mayo de 2004) y “Memoria e identidad” (febrero de 2005).

Realizó numerosas canonizaciones y beatificaciones para mostrar innumerables ejemplos de santidad de hoy, que sirvieran de estímulo a los hombres de nuestro tiempo: celebró 147 ceremonias de beatificación -en las que proclamó 1338 beatos- y 51 canonizaciones, con un total de 482 santos. Proclamó a santa Teresa del Niño Jesús Doctora de la Iglesia. Amplió notablemente el Colegio cardenalicio, creando 231 cardenales (más uno "in pectore", cuyo nombre no se hizo público antes de su muerte) en 9 consistorios. Además, convocó 6 reuniones plenarias del colegio cardenalicio.
Presidió 15 Asambleas del Sínodo de los obispos: 6 generales ordinarias (1980, 1983, 1987, 1990, 1994 y 2001), 1 general extraordinaria (1985) y 8 especiales (1980, 1991, 1994, 1995, 1997, 1998 (2) y 1999).

Más que todos sus predecesores se encontró con el pueblo de Dios y con los responsables de las naciones: más de 17.600.000 peregrinos participaron en las 1166 Audiencias Generales que se celebran los miércoles. Ese numero no incluye las otras audiencias especiales y las ceremonias religiosas [más de 8 millones de peregrinos durante el Gran Jubileo del año 2000] y los millones de fieles que el Papa encontró durante las visitas pastorales efectuadas en Italia y en el resto del mundo. Hay que recordar también las numerosas personalidades de gobierno con las que se entrevistó durante las 38 visitas oficiales y las 738 audiencias o encuentros con jefes de Estado y 246 audiencias y encuentros con Primeros Ministros.

Juan Pablo II falleció el 2 de abril de 2005, a las 21.37, mientras concluía el sábado, y ya habíamos entrado en la octava de Pascua y domingo de la Misericordia Divina. Desde aquella noche hasta el 8 de abril, día en que se celebraron las exequias del difunto pontífice, más de tres millones de peregrinos rindieron homenaje a Juan Pablo II, haciendo incluso 24 horas de cola para poder acceder a la basílica de San Pedro.