LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.
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sábado, 7 de abril de 2012

DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS.

Un altar despojado de manteles, un sagrario abierto y vacío. Así expresa la liturgia del Sábado santo ese misterio del descenso de Cristo muerto a los infiernos. Sólo la Cruz, descubierta, permanece entronizada porque, si bien la humanidad de Cristo se ha ocultado totalmente en el sepulcro, la revelación suprema de la Cruz ya está cumplida y realizada. El silencio orante, cargado de Espíritu Santo, junto a la presencia también silenciosa y contemplativa de María, sostienen el ritmo litúrgico de este día.
El descenso de Cristo a los infiernos es un misterio profundamente eucarístico, por más que, durante todo este día, la liturgia se centre en el ayuno y en la oración devocional. La Iglesia contempla con expectación silenciosa esa ausencia de Cristo, de su cuerpo, ahora oculto en el sepulcro. Una ausencia en la Cristo llega al límite de la Encarnación, a lo más profundo de su abajamiento y humillación como hombre, experimentando por la muerte la separación de su propio cuerpo. En este misterio, ni siquiera ese cuerpo de Cristo es ya visible, sino que toda su humanidad permanece oculta en el sepulcro, tal como profetizó ya Isaías: “no tenía apariencia ni presencia” (Is 53,2). Y, en cierto modo, aunque en la Eucaristía contemplamos y comemos el cuerpo de Cristo, es tan sin figura ni apariencia humana que, en ese pan, no deja de repetirse y prolongarse el misterio de abajamiento y ocultamiento que Cristo vivió en su descenso a los infiernos. Vive hoy el silencio de la liturgia junto al corazón silencioso y adorador de María. También en su seno el Verbo se escondió y enterró, anticipando al principio de su vida terrena el principio de esa otra vida de gloria que había de empezar en el seno de la tierra. 

Mater Dei

domingo, 24 de abril de 2011

¡CRISTO HA RESUCITADO! ¡RESUCITEMOS CON ÉL!

“Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo por la victoria del Rey tan poderoso” Con esta alegría comenzábamos anoche la solemne Vigilia Pascual, la Iglesia entera proclama con alegría y entusiasmo el Pregón Pascual, en el que se anuncia de forma solemne la resurrección de Jesucristo. Goce también la tierra inundada de claridad con el fulgor radiante del Rey eterno.

¡Cristo ha resucitado! La tierra que estaba envuelta en un gran silencio y soledad por la dormición del Rey, hoy goza con inmensa alegría porque la tierra brilla gracias a la claridad de Cristo resucitado. Este es el día en que Cristo ha vencido a la muerte, Jesús ya no es un personaje del pasado. Él vive y como ser viviente camina delante de nosotros. Él nos llama a cada uno a seguirle porque solo siguiéndole a él podremos encontrar el camino de la vida. Es por eso por lo que nos alegramos en esta Pascua, porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupción, pertenece al mundo de los vivos no al de los muertos, el es el alfa y la omega, el principio y el fin, porque no solo ayer, sino también hoy y por la eternidad.

En el Evangelio se nos narra que el primer día de la semana, es decir, el domingo, de madrugada, las mujeres iban tristes y conmovidas por lo acontecido en Jerusalén. Iban con sus aromas preparadas para embalsamar el cuerpo de Jesús. ¿Cuál fue la sorpresa? Que se encontraron la piedra del sepulcro corrida. Allí, ellas asustadas y desconcertadas, buscaban el cuerpo de Jesús, pero no estaba. Se les presenta dos hombres con vestidos blancos y les dicen: ¿Porqué buscáis entre los muertos al que vive? Ellas recordaron las palabras que Cristo les había dicho y volvieron del sepulcro y anunciaron esto a los Once y a los demás.

Ellas fueron las primeras en saber de la resurrección del Señor. Había sucedido algo decisivo en la historia de la humanidad, que iba a afectar a todos los hombres, era un salto decisivo hacia una dimensión totalmente nueva. Cristo pudo dejarse matar por amor, pero justamente así destruyó el carácter definitivo de la muerte.

Después de este gran acontecimiento, ya no podemos seguir viviendo en la antigua vida de pecado, porque Cristo ha venido a darnos una vida nueva basada en la unión con él. El pecado ha sido destruido de nuestras vidas, por eso acudamos a la fuente de la misericordia, reconciliémonos con Cristo y con la Iglesia a través del sacramento de la reconciliación, que nuestro corazón también resucite cada día del pecado en el que ha sido inmerso.

Cristo, con su resurrección, nos ha concedido una vida nueva y para poder participar y disfrutar de esta vida nueva, basada en el amor y la misericordia hay que adentrarse por el Bautismo, donde Dios nos hace suyo para siempre. Por eso, por mucho que la humanidad diga, la vida verdadera dependerá de nuestra amistad con el Señor.

Cristo no nos ha dejado solos en este mundo que intenta apartarnos de él, ha querido quedarse mostrándonos una vez más lo que él ya dijo en el Evangelio “sin mi no podéis hacer nada”. Tenemos que recordar que el mundo no es malo, pues es creado por él, lo que destruye al hombre son los deseos del mundo, las propuestas pecaminosas que nos hacen apartarnos de la Vida. Cristo cada día si nos fiamos de él nos encontraremos que da verdadero sentido a nuestro vivir, a nuestros problemas, a nuestras cruces, a nuestras situaciones personales de dolor e incluso de alegría. Por eso acudamos a él, comencemos hoy una vida nueva con él, unámonos a él ofreciendo nuestra vida, dejando que él sea quien lleve las riendas de nuestra vida. Solo así él nos arrancará de nuestros vicios y pecados que tanto daño nos hace y tanto disgustos nos ocasiona.

Esta amistad con él también ha cambiado en la historia la relación entre los hombres, será una relación basada en el amor. El nos decía “amaros los unos a los otros como yo os he amado”,  el amor vencerá al mal (Juan Pablo II).

La resurrección de Cristo es la fuente de nuestra verdadera alegría, para ser felices tenemos que adherirnos a la vida evangélica, a la vida de Cristo vivo,  pues esta corresponde con lo que el corazón humano desea. Por eso necesario fue el primer pecado de Adán porque ha sido borrado por la muerte de Cristo ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

Con este gran acontecimiento que ha cambiado la vida de la historia se alegra también la Iglesia, pues ha sido revestida de luz. Esta nunca podrá ser destruida por ningún acto humano, porque la Iglesia no la llevan los hombres sino el mismo Cristo presente en ella cada día desde su origen hasta el final de los tiempos. Podrá ser atacada pero nunca destruida.

Esta nueva vida, que hemos visto y palpado con nuestras manos y nuestros ojos debemos anunciarla a todos los hombres, como hicieron las mujeres al volver del sepulcro, para que puedan conocer la verdadera vida y alegría que es Cristo resucitado, no nos lo quedemos nosotros sino lo que hemos visto démoslo a los demás.

Demos gracias al Señor nuestro Dios. Vivamos la comunión con él. La autentica vida nos llega de ser amados por Aquél que es la Vida, nos viene del vivir con él y del amar con él. Démosle nuestra vida al Señor para que el haga de nosotros lo que más necesite. 

domingo, 17 de abril de 2011

La misma história se repite hoy.


Esta mañana cuando leia el periódico por internet, entraba en la pagina de Religión en libertad y veía un articulo en el que se decía que las procesiones blasfemas de los ateos aumenta la fe de los cristianos. Estos días han sido días criticos y dolorosos al tener que ver como una serie de ateos declarados, querían hacer una "procesión atea" mofandose de los católicos a través de la blasfemia contra la Virgen y el Señor, burlandose de la doctrina y de los dogmas de la Iglesia. Gracias a Dios esta procesión ha sido prohibida, con dificultad, por las diversas autoridades políticas. Este hecho es para todo cristiano es un fuerte dolor en el corazón.

El relato de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, que se lee en toda la Iglesia universal el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, nos recordará a toda la cristiandad que al igual que Cristo pasó por la Pasión y por la persecución la Iglesia, también la Iglesia está llamada a segúir los mismos pasos de Cristo, su Señor. Nosotros, discípulos de Cristo también paseremos por su misma dicha, primero hemos de morir para luego resucitar.

La Pasión de Cristo no es algo que aconteció en el pasado hace 2011 años y ya está, la Pasión de Cristo se repite cada día, sucede hoy en la história. Cristo está siendo crucificado por aquellos que no le quieren, Cristo está siendo crucificado cuando persiguen a su Iglesia, Cristo está siendo crucificado cuando nosotros no vivimos como verdaderos cristianos, Cristo está siendo crucificado cuando aquellos que le conocieron verdaderamente y conocieron su amor son los primeros en traicionarle y en apartarse de Él. Cristo sigue siendo hoy crucificado por todos los hombres.

Hoy celebramos el Domingo de Ramos, el comienzo de la Semana Santa. Jesús entra triunfante en la ciudad santa de Jerusalem. Los discipulos fueron enviados por Jesús a por una borrica y un pollino para cumplir aquello que dijo el profeta. Cuando ya lo tenían echaron encima sus mantos y Jesús se montó. Multitudes de personas le acompañaban cantando y aclamandole con las ramas de los árboles. La gente que caminaba a su lado gritaban ¡Hosanna al Hijo de David! La multitud reconocía que este hombre era Dios. Jesús entra en Jerusalem aclamado como verdadero Rey de reyes y Señor de señores frente a una parte del pueblo que querían quitarle de enmedio y matarle, muchos le consideraban un blasfemo y querían acabar con su vida. Esta misma história, como os decía anteriormente, se repite hoy en nuestros ambientes. Cristo ha entrado hoy victorioso y triunfante en la Jerusalmen del mundo aclamado por todos los cristianos como Rey y Señor del universo. Jesús, al igual que en Jerusalem, lo hace en medio de una sociedad cada vez más laica y sin sentimientos religiosos, sociedad que quieren apedrearle, que quieren burlarse de él, que quieren quitarle de enmedio, pero sin embargo, Cristo entra victorioso como Rey.

Esta Semana Santa será para todos los cristianos muy especial, el Señor nos llama a estar con él en estos ultimos momentos, no quiere quedarse solo. Jesús, en este momento, está recordando Getsemaní, cuando los discipulos no fueron capaces de velar una hora con él, se sentía verdaderamente solo. Señor nosotros te acompañaremos en estos momentos en los que tú te entregas por nuestra redención y salvación. Queremos agradecerte todo el bien que has hecho en nuestra vida y sobre todo el que nos hayas arrancado del poder del pecado, de ese pecado que nos esclaviza y nos hace sufrir. 

Que cada día Señor pueda descubrir en mi vida que tú eres el verdadero camino, la verdad y la vida. Que decubra en cada momento de mi existencia que la vida eterna en la tierra está en conocerte a tí.      

 

sábado, 9 de abril de 2011

"Yo seré tu Cireneo Señor y tú serás el mío"


En estos días de cuaresma en los que meditamos de una manera más profunda los misterios de la Gloriosa Muerte y Resurrección de Jesucristo, la Iglesia nos invita a la meditación a través del rezo del Santo Vía crucis. Con ello queremos seguir los mismos pasos que trazó Cristo hasta la cruz. Estos pasos no los haremos solos estaremos junto a Cristo crucificado.

Al contemplar la estación en la que Simón de Cirene ayuda a Jesús a cargar con la cruz, me hace meditar y caer en la cuenta de cuál es y cuál quiero que sea mi misión como cristiano en la Iglesia: Ayudar a Cristo a cargar la cruz de la humanidad.

El Evangelio nos narra que después de haber sido Jesús humillado a través de las burlas de las personas que le estaban flagelando, después de haberle escupido y haberle tratado como un gusano y no como un hombre, Jesús sale camino del Gólgota. En aquel preciso instante pasaba por ahí un hombre llamado Simón de Cirene. Jesús cargado con el peso de la cruz y después de haber recibido el desprecio de los hombres, lleno de dolores debido a las heridas producidas, no abre boca alguna y ofrece su  vida y sufrimiento por la salvación de todos los hombres, Jesús callaba por amor a ti porque te quiere y te ama. La prueba de su amor es que siendo Dios se ha humillado hasta tal punto que, pasando por uno de tantos ha querido pagar un precio muy caro por nuestra vida, ese precio es su sangre preciosa derramada por toda la humanidad. Su sangre es la que nos ha redimido y nos ha sacado de la esclavitud del pecado. Este es el pecado que han cargado esos hombros, pecados que le han dejado huella y que hoy pide nuestra ayuda para descargar también sobre nosotros su sufrimiento, que podamos poner nuestro corazón en su corazón y nos enseñe como es ese corazón redentor que está sediento de las almas.

Jesús es golpeado sin compasión por nuestras rebeldías. La historia vuelve a repetirse, Jesús es golpeado, flagelado y escupido por los hombres de nuestra época, por aquellos que no le aman y le quieren quitar de en medio. Eso mismo es lo que buscaban los judíos y los fariseos de la época, quitar a Jesús de en medio porque hablaba con autoridad y de una forma nueva que jamás en Israel se había oído. Todo vuelve a repetirse, Cristo que es el Rey de reyes y Señor de señores, vuelve a ser crucificado por las rebeldías de los hombres.

Camino del Gólgota se encuentran a Simón de Cirene que viene de labrar el campo. Aquellos que estaban trasladando a Cristo al calvario pensaron en él para que le ayudara a cargar con la cruz. Simón se resistía porque no quería saber nada de ese hombre que estaban llevando a la cruz (era un ladrón y blasfemo). Quizás no supiera el gran regalo que le estaban haciendo, ¡ayudar a Jesús a llevar la cruz! Al final, viendo Simón la cara de Jesús que no parecía hombre, cedió y le ayudó a llevar la cruz.

Nosotros somos hoy los cireneos del siglo XXI. Estamos en una época de gran persecución, Cristo está siendo perseguido con su Iglesia, Cristo está siendo ultrajado y despreciado, está siendo escupido y flagelado por las blasfemias de los hombres, nosotros como seguidores de Cristo e hijos de Dios, que nos hemos identificado con él por medio del bautismo estamos llamados a amar por aquellos que no aman. Cristo nos pide ayuda, quiere que le ayudemos a cargar con el pecado del mundo, que le ayudemos con el sufrimiento de toda la humanidad. Cojamos un solo instante la cruz de Cristo y veremos ¡cuan pesada es! entenderíamos bien las consecuencias de nuestro pecado en él y en nosotros mismos. Estos pecados que nos hacen sufrir y nos tiene esclavizado Cristo ha querido cargar con ellos para arrancarlos de nuestra vida para siempre. Si Cristo cargó con los pecados del mundo y el sufrimiento de la humanidad yo también quiero cargar con la cruz, con el pecado y sus consecuencias.

Señor ayúdanos siempre a cargar con la cruz de cada día, ¡que ame la cruz! ¡que no la desprecie! ¡que no me dé miedo cargar con ella! Solo quiero pedirte una cosa y es que jamás te apartes tu de mi y que yo jamás me aparte de ti, porque yo sin ti no puedo carga con una cruz tan pesada ¡yo solo no puedo! me caería y me sería imposible levantarme por el peso de mis culpas y mis pecados. ¡Gracias Señor por tu misericordia!