LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

el rezo del ángelus


En aquel momento de la encarnación sólo Dios y los ángeles pudieron estremecerse de emoción. ¡Con qué unción entraría el Espíritu Santo en el seno materno de María! ¡Qué escandaloso anonadamiento el del Verbo, desapareciendo en la carne virginal de su Madre! ¡Cuánta complacencia en el Padre, que entregaba su Hijo a la humana naturaleza caída! ¡Qué silencio sobrecogedor en el ánimo de todos aquellos ángeles, testigos privilegiados de un prodigio único e irrepetible! El tiempo y la historia debieron contener su deseo al acoger en su seno, como aquella Madre, la carne del Verbo de Dios. No dejes pasar ni uno sólo de tus días sin rezar la oración del Ángelus y unirte a aquella emoción divina que rodeó la encarnación del Verbo. Esfuérzate cada día por inclinar el corazón ante esta Madre que tanto enamoró el corazón de Dios y adora en silencio la humildad de aquel Verbo anonadado en la carne. En ese rezo diario del Ángelus vuelca tu amor agradecido al sí de aquella Madre virginal que dio inicio a tu salvación. 

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

jueves, 6 de septiembre de 2012

El amor a las criaturas


Si no amas el mundo apasionadamente no amas la obra de Dios y todas sus mediaciones. Pero, que no te engañe el corazón, porque, con ser frágil, voluble y quebradizo, está hecho para albergar en sí el amor infinito de Dios y no saciarse con nada que no sea Él. Las criaturas materiales y, sobre todo, las personas merecen todo nuestro aprecio y no puedes no amar el mundo que Dios ha creado para ti. Pero, bien porque son limitadas y defectuosas, bien porque mueren, porque son inconstantes, porque se mueven por interés, tarde o temprano, esas criaturas te vienen a fallar. ¿Hay algo, o alguien, capaz de asegurarte ese afecto y ese cariño pleno, total, eterno, que tu corazón menesteroso anda mendigando? Es duro, pero cierto, que hasta el amor de una madre te puede fallar. Mira dónde pones el corazón, no sea que aquellos afectos y cariños que parecían llenarte de felicidad hasta rebosar se quiebren y te traicionen, dejándote hundido en el desengaño y la desilusión. Llena tu amor de Dios y verás cómo todos tus afectos se centran y equilibran, y hasta se hacen más sinceros, firmes y tiernos. El verdadero amor, porque nace de Dios, siempre es camino hacia Él. Ama con el amor más grande que puedes dar, no el tuyo sino el de Dios, y serás capaz de amarlo todo, todos, con la libertad de los hijos de Dios.   

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

martes, 4 de septiembre de 2012

Luchar, luchar y luchar


Si no vives tu cristianismo con mucho espíritu de lucha es que no lo vives. En griego, la palabra "ascesis" significa precisamente esfuerzo, lucha. No hay peor enemigo que tu mismo cuando pactas con tus defectos y pecados. No los justifiques, no los compadezcas, no los consientas, no te perdones ni dejes pasar una mínima ocasión de luchar contra tus defectos de carácter, manías, tendencias, debilidades. Es verdad que la gracia pule aristas y saca brillo al diamante de tu alma, pero sólo si tu quieres. La obra de la gracia, capaz de esculpir filigranas en el más duro granito, necesita también del rudo trabajo de tu esfuerzo, de tu levantarte una y otra vez, de tu no desanimarte por no ver frutos, de tu constancia. Sé fiel a los propósitos que el Señor te inspire en el examen de conciencia o en la confesión. Pídele al Espíritu Santo el don de la firmeza y la constancia en el bien. Agárrate con jaculatorias a la Virgen cuando te falten las fuerzas. Pon todos los medios naturales y sobrenaturales que haga falta con tal de no parar de luchar. Pero, lucha. No con las armas del soberbio voluntarismo sino con las armas del niño: esforzándote por levantar el pie una y otra vez, las veces que sean necesarias, siempre, y verás cómo, sin que te hayas dado cuenta, habrás llegado un día al final de la escalera.

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

domingo, 2 de septiembre de 2012

Sé optimista


Mientras exista el pecado, siempre encontrarás a tu alrededor motivos de queja y de lamentación. Hay un optimismo meramente humano ante las cosas, acontecimientos y personas que, confundido con la buena educación, termina por no infundir esperanza en el ánimo de los que sufren. Esa esperanza meramente humana tarde o temprano se deshoja, como todo lo humano, ahogada por el cansancio ante el mal y la injusticia. Tu fe debe hacerte vivir ese otro optimismo humano que nace de la esperanza sobrenatural y que no tiene nada de iluso o irreal. Esa actitud optimista y positiva ante la vida, aun en medio de sufrimientos y pruebas, nace de tu confianza ciega en la providencia de Dios y se convierte en un inagotable manantial de fuerza y de firmeza para sobrellevar las contrariedades de la vida con ánimo sobrenatural. Sé optimista al juzgar y valorar personas y acontecimientos, contagia a tu alrededor visión positiva de las cosas, no te dejes vencer por el desánimo cuando el mal, la injusticia, la mediocridad o el pecado parezcan campar a sus anchas en el ambiente que te rodea. Piensa en la fuerza de la Cruz, con la que Cristo ya ha vencido toda muerte y todo mal. Asómate, como los niños, por encima de la tapia de este pequeño mundo que te ha tocado vivir y descubrirás la inmensidad de una eternidad que late viva en cada acontecimiento de tu vida y de tu historia. Que nada, ni siquiera tu estado de ánimo, logre ensombrecer y arrugar tu semblante sereno y suavemente alegre con el que el amor de Dios, a través tuya, sonríe a los hombres.  

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

viernes, 31 de agosto de 2012

No te quejes


Mirándolo objetivamente, nunca tenemos motivos para quejarnos de nada ni de nadie. Mira a tu alrededor y encontrarás siempre situaciones mucho más difíciles, más dignas de lástima y compasión que las tuyas. Detrás de la queja fácil, de nuestros desahogos, muchas veces se esconde una sutil soberbia que nos hace engrandecer y dignificar tanto nuestro yo que todo, entonces, se nos vuelve un agravio intolerante, una injusticia infundada, una falta de reconocimiento a nuestra valía, un desprecio. Y, así, surge con facilidad la exigencia, la reivindicación y la queja, muy bien justificadas, incluso adornadas con careta cristiana de bien, de virtud y de gloria a Dios. Y no nos paramos a pensar que, en el fondo, nuestras palabras quejumbrosas y lastimeras van contra Dios, y que es a Él a quien estamos echando en cara que, pudiendo, no hace las cosas según nuestros gustos, nuestra medida, nuestro parecer, nuestro criterio. La queja viene muchas veces acompañada de su hermana la crítica. Ambas nacen, a veces, de un imperceptible egocentrismo que desplaza y margina a Dios, o a lo sumo, le reclama y exige el servilismo de su omnipotencia. Evita esa queja que busca la compasión de los demás hacia ti mismo. Es una saludable forma de mortificar y dominar nuestro hablar, a veces tan ocioso y superficial. No entregues a cualquiera los desahogos y confidencias de tu corazón. Lleva tus quejas a la oración, ponlas al pie de la Cruz y verás cómo la contemplación de las heridas y dolores de Cristo calman los ardores de tu soberbia y tu afán de comodidad.



Mater Dei
Archidiócesis de Madrid