LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Ama siempre a la virgen

    Hay aspectos de la ternura y misericordia de Dios que sólo podíamos conocer a través del corazón virginal y materno de María. Sin Ella el misterio de Cristo es inexplicable. El mayor deseo humano jamás hubiera podido sospechar ni imaginar nada de cuanto Dios nos ha regalado en María. Su dulce presencia, inefable para el corazón que sólo sabe hablar con el amor, se hace entrañable, materna, cercana, cuando presentas ante Ella tu corazón herido de hijo. Cuántos sinsabores, cuántas penas y dolores, cuánta amargura y soledad, cuánto dolor desengañado, cuántas lágrimas, no habrá enjugado esta Madre desde que el corazón de los Tres quedó enamorado de esta bellísima alma. Así es tu Madre. La que llena de amor a Cristo todos los huecos y vacíos que el pecado deja en tu corazón. La que no se cansa de velar aun en esas noches largas y oscuras por las que a veces camina perdida tu alma. Aquella que embelesa y anonada el corazón de Dios. Así es tu Madre. Nunca dejes de amarla e invocarla. No te olvides nunca de ese regazo materno, tan divino; aquel en el que un día reposó el rostro de Cristo y en el que siempre podrás sentirte abrazado.     



Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

domingo, 25 de noviembre de 2012

REY DEL UNIVERSO

Existe un año natural, académico, judicial…y también un año litúrgico que se divide en tiempos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua y el llamado tiempo ordinario. Pues bien, el próximo domingo, día 20 de noviembre concluye el tiempo ordinario y, en ese día, se celebra la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo.


El Papa Pío XI en su Encíclica “Quas primas” de 1925 instituyó esta fiesta para que el pueblo cristiano diera a Jesucristo preclaro testimonio de su obediencia y adoración. Nos habla de un Reino, de un reinado y de un rey. Es un reino eterno y universal, reino de la verdad y de la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz.



“Tu nación y los pontífices te han entregado a mi; ¿Qué has hecho?”Jesús respondió a Pilato: “Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. Le dijo entonces Pilato: “Luego tú eres rey?” Respondió Jesús: “Tú dices que soy rey. Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad, oye mi voz” (Io. 18, 35).
Es muy justo que esta fiesta de Cristo Rey se enmarque precisamente en el Calvario. Cristo Jesús se afirma Rey, precisamente en el momento en que, entre los dolores y los escarnios de la Cruz, entre las incomprensiones y blasfemias de los circunstantes, agoniza y muere. En verdad es una realeza singular la suya, tal que sólo pueden reconocerla los ojos de la fe: “Regnavit a ligno Deus” (Cfr. Juan Pablo II, 1980).



Ante los que reducen la religión a un cúmulo de negaciones, o se conforman con un catolicismo de media tinta, ante los que quieren poner al Señor de cara a la pared o colocarle en un rincón del alma…: hemos de afirmar, con nuestras palabras y con nuestras obras, que aspiramos a hacer de Cristo un auténtico Rey de todos los corazones…, también de los suyos (Cfr. Surco, 608).
Desde el primer momento, Jesús dejó muy clara su misión divina; ante Pilato declara que su reino no es de este mundo y que, todo el que es de la verdad, se hace súbdito de este reino pues ha comprendido la naturaleza espiritual de este reinado.



Hace pocos meses le preguntaron a un político “muy católico”: entonces, ¿sí al aborto? Y el personaje repuso: “como político, rotundamente sí; como católico, tendría que contestar de otra manera”. 



¿Qué quieren decir esta y otras respuestas ante situaciones o acontecimientos que exigen que un cristiano dé la cara y manifieste las exigencias de su fe? Son o posturas de esquizofrenia magnificada o simplemente actitudes de hombres sin principios. Como político…es decir, en tanto que mis amos me ordenan que lo diga, en tanto que mi oficio es ser megafonía de consignas, en tanto que me sirve de peldaño o de estribo para escalar más alto…en tanto que me enseñen poltronas, en tanto que mis dueños me recompensen con medallas, monedas o promesas, ¡rotundamente sí! ¡Sí a lo que sea! Si hay que jurar, se jura; si hay que mentir, se miente, si hay que adular, se adula, si hay que engañar, se engaña; si hay que fingir, se finge…¡Sea todo por el voto! Pero ¿y Dios? No, Dios no importa, pues no desciende a estos detalles.



Han pasado XXI siglos y mucha gente sigue haciendo suyo aquel grito de los trabajadores de la parábola de las minas (Cfr. Lc. 19, 13): “No queremos que éste reine sobre nosotros”; en la Universidad, en la familia, en los lugares de trabajo, en los de diversión, en los parlamentos…se escucha un colosal “non serviam” (no queremos servir), se observa una huída de Dios.



Abrid de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo Redentor, a su ley de Amor (Cfr. Juan Pablo II). Frente al “non serviam”, hemos de oponer, con San Pablo, aquél “oportet illum regnare” (conviene que Él reine)
Queremos que Cristo reine. Para Dios toda la gloria. Este ideal solamente se hará realidad por la oración y el sacrificio, por la fe y el Amor. Pues…¡a orar, y a creer, y a sufrir, y a Amar!

Rvdo. Sr. D. Javier Muñoz-Pellín. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Se nos va la fuerza por la boca

Toda la riqueza interior que acumulas con esfuerzo en tu tiempo de oración, en tus eucaristías, en tu trato con Dios, se te puede evaporar con rapidez cuando no gobiernas y dominas esa necesaria aliada que es nuestra lengua. Es difícil no hablar con ligereza y superficialidad, saber ponderar comentarios o evitar críticas apresuradas y valoraciones innecesarias cuando el corazón no está lleno de silencio interior. Si llevas dentro mucho ruido de afectos desordenados, de pensamientos vanidosos, de prisas y activismos, de dudas y tentaciones, de falta de paz, de excesivas preocupaciones, de rencores, tu hablar será igualmente ruidoso y desordenado. Y ese ruido del alma, ese hablar alocado, te llevarán a decir que Dios no te habla, que no le ves, que está lejos de ti, que no te escucha. Una forma de hacer silencio interior es cuidar y ponderar lo que hablamos y decimos, sobre todo cuando la falta de serenidad de ánimo, la ira o el excesivo entusiasmo nos hacen decir cosas de las que –la mayoría de las veces– terminamos por arrepentirnos. Aprende a ser discreto, cauto y ponderado en el hablar porque, una vez que la caja de Pandora se ha abierto, es casi imposible volver a encerrar en ella todos los vientos que se escaparon. Aprende de los silencios y del hablar de Dios. Contempla a menudo tantos silencios de Nuestro Señor, mucho más abundantes en su vida que abundantes fueron sus palabras y sus milagros. Aprende de esos profundos silencios de nuestra Madre, que acompañaban tan de cerca los silencios del Hijo. Pídele a san José que te enseñe y ayude a vivir el silencio, como él lo vivió: junto a María y a Jesús. Cuanto más vayas llenando de Dios tu corazón más buscarás tu silencio interior. Y entonces empezarás a hablar el verdadero lenguaje, el de la caridad con Dios y con los demás, y tu vida ya no podrá callar a Dios.  

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

lunes, 5 de noviembre de 2012

Corazón de Buen Pastor, ruega por nosotros

Conoces íntimamente a tus ovejas, a cada una la llamas por su nombre, das la vida por ellas. En cada acontecimiento inesperado o aparentemente absurdo, en cada dolor, fracaso o sufrimiento, en todos los instantes de mi jornada, eres siempre el Buen Pastor, que me busca solícito para llevarme sobre sus hombros y recorrer conmigo el camino de mi vida. Corazón de Buen Pastor, que no escatimas deseos, amores y gracias, con tal de atraer hacia Ti un poco del amor y correspondencia de tus ovejas. ¡Cómo me cuesta adelantarme a las necesidades de los demás! ¡Cuánto me molesta e incomoda estar disponible para servirles sin medida ni regateos, para acompañar sus agobios y soledades, para calmar sus heridas! ¿Cómo no ofrecer mis hombros para que otras ovejas, todos los hombres, descansen en ellos y se apoyen en mí, para ayudarles a seguir caminando juntos hacia el Padre? Hay todavía muchas ovejas que no son de este redil y que esperan de ti que seas su cayado y pastor.
Has de conocer la voz de este Buen Pastor, si no quieres desviarte por caminos equivocados. Tantos lobos están siempre acechando, esperando el momento idóneo y buscando el modo más sutil de robarte el alma. No quieras separarte del redil de la Iglesia, pues es la Esposa quien mejor conoce la voz inconfundible del Esposo. Corazón de Buen Pastor, que cuidas los apriscos donde resguardar el alma y conoces los verdes pastos donde me llevas a descansar. Sólo siendo tu oveja podré ser para otros pastor y cayado y llevar en mis hombros las cargas de tantos hermanos, que sufren sin la fuerza de Dios. En el redil de tu Corazón entrañable quisiera yo descansar, viendo en tus divinos ojos el amor vigilante de quien conoce y abraza cada una de sus ovejas.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

sábado, 3 de noviembre de 2012

“Ha escogido Dios lo necio del mundo” (1 Co 1, 27)

Cuando recibimos el reconocimiento de los demás por lo que hacemos nos sentimos satisfechos. En ocasiones, incluso, consideramos que es algo justo y debido esa alabanza hacia nosotros, o, por el bien que hemos hecho, o, porque nos sentimos simplemente satisfechos ante la perfección de lo realizado. Sin embargo, este pararse en los “inciensos” hacia uno mismo tiene un precio, y es considerar lo que valemos sin tener en cuenta que la verdadera alabanza ha de estar dirigida a Dios. Decía alguien que el gran negocio del siglo sería vendernos por lo que pensamos que valemos, y comprarnos por lo que realmente valemos.
El convencimiento de lo poco que tenemos, si no fuera porque lo hemos recibido de Dios, no es un supuesto para amedrentarnos, sino la certeza de que somos criaturas, no autosuficientes… sin Dios, nada seríamos. De ahí viene la consideración de todo lo que podemos llevar a cabo si contamos con la gracia de Dios… “Para Dios nada hay imposible”.
Por otro lado, san Pablo da un paso más: “Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte”. Y esta no es medicina preventiva, sino el día a día de nuestra vida. El reconocimiento de que sin Dios todo es fatuo, viene a ponernos en el sitio que nos corresponde, ya que sin aplausos de los hombres uno podría pensar que ha caído en el fracaso. Sin embargo, nada más erróneo. Porque, podría suceder, incluso, que después de actuar con una verdadera rectitud de intención, es decir, realizar nuestras obras cara a Dios, fuéramos criticados o perseguidos por el mundo. Esa falta de adecuación con el pensar de los hombres, ¿supondría que estamos haciendo las cosas mal?
Estar sometidos constantemente al juicio de los demás nos empobrece y nos hacer vivir en una esclavitud que no es, precisamente, la libertad de los hijos de Dios. Nuestro único juez es Dios, y a Él ha de ir toda la gloria y alabanza, “caiga quien caiga”. Considerarnos necios, en el lenguaje evangélico, es reconocer nuestras limitaciones y nuestra debilidad. Es abandonarnos, en definitiva, en manos de ese Padre providente, que sabe lo que necesitamos, insertándonos en ese gran caudal que es la gracia divina para que nuestras acciones, nuestras palabras y nuestros pensamientos se adecuen al plan de Dios. ¡Qué mayor libertad que la de buscar la voluntad de Dios!... Nunca nos equivocaremos.

Mater Dei
Archidiócesis de Madrid