LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Espíritu Santo, que nos enseñas el don de Temor de Dios

El auténtico Temor de Dios nos sobrecoge interiormente ante la posibilidad de que la gracia del Espíritu Santo que llevamos en nuestras manos pueda caer al suelo de nuestra apatía o desidia, y romperse. Es entonces, cuando el Temor de Dios se inflama de caridad, de amor a Dios y a los hombres. Por eso, San Pablo dirá: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo” (Ef 5,21). Sólo el Espíritu Santo, a través de la gracia, nos capacita para transformar en caridad lo que el mundo entiende como sumisión y esclavitud, y nos permite transfigurar lo que otros presentan como horrible o perverso, en bueno y gratificante.

El don de Temor de Dios nos ayuda a comportarnos con respeto y veneración delante de esa majestad de Dios, que nos circunda por todas partes. Nos hace abrazar su voluntad, al mismo tiempo que buscamos rehusar todo aquello que puede apartarnos de Él. El temor a perder a Dios nos hace huir del mal y, al mismo tiempo, suscita en nosotros el gusto por las cosas de Dios. Es un temor amoroso, puro, libre de todo egoísmo e interés personal, que lleva a una caridad cada vez más plena y a vivir en una vigilancia cuidadosa, pero no escrupulosa, sobre nuestras faltas, pecados e inclinaciones desordenadas. Lo contrario, el espíritu de orgullo y de autosuficiencia, nos lleva a no aceptar ninguna medida que no nazca de mi propio yo, a consentir en el pecado sin escrúpulos de conciencia, a no dar importancia a las faltas pequeñas, a descuidarnos con desidia en todo lo que se refiere a la vida espiritual. Es la puerta para entrar por caminos de tibieza y de medianías espirituales, que ahogan en nosotros nuestra vocación de eternidad. Teme con amor a Dios, sin buscar tu propia excelencia, no sea que tu fe se convierta para ti en camino de perdición.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

martes, 22 de noviembre de 2011

Espíritu Santo, Amor substancial del Padre y del Hijo

“Nadie tiene mayor amor…” (Jn 15,13). Porque amaba, el Hijo se entregó hasta derramar la última gota de su humanidad. Y el Padre, que conocía semejante donación, se complació en el amor que le fue devuelto. Cuando se trata de amar, los empeños por corresponder al amado parecen pocos, porque el amor lleva a superarse, día tras día, en detalles y muestras de cariño. Y, en ese darse cotidiano, descubrimos que la caridad que empezó un día por interrogarnos, se va transformando en un “querer queriendo”, y en un abandono, sin voluntarismos ciegos, ya para siempre, y sin obstáculos. Todo es gracia, don de Dios, fruto del Espíritu Santo, para aquel que persevera en el amor.

La Caridad es el fruto del Espíritu Santo que nos da la posesión de Dios. Es lo que más se parece al Espíritu, pues Él es el amor personal del Padre y del Hijo. Por eso, nos vamos asemejando a Dios en la medida en que vivimos la caridad, que nos infunde el Espíritu Santo. La caridad de Dios nos acerca a Él, en cuanto fuente de nuestra verdadera y duradera felicidad, ya aquí en este mundo. Es, además, fuente de paz, porque el alma que ama como Dios ama no es vencida por las turbaciones, temores, inquietudes y mil preocupaciones que encuentra a su paso por este mundo.

Examina cómo es tu caridad y sabrás cómo es la vida del Espíritu Santo en ti. Mira si actúas según la ley del miedo y del temor, o de la ley del amor. La clave de tu santidad está en tu vida de caridad, que no consigues a base de puños y buenos propósitos nunca cumplidos. Pídele al Espíritu su plenitud, para que su caridad, el amor de Dios, inspire, sostenga y acompañe todas tus acciones. Verás, entonces, que llegarás al amor extremo que se nos reveló en la entrega de la Cruz.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

viernes, 18 de noviembre de 2011

VOTAR EN VALORES

Dentro de unos días, el 20 de noviembre, los españoles hemos sido convocados a las urnas para votar al próximo presidente del Gobierno. Para ello la asociación hazte oir ha escrito una guia para ayudarnos a la hora de dar nuestro voto. En esta imagen, que nos ha enviado la asociación, aparece todos los partidos politicos con su proyecto electoral. 


También os dejo a continuación la nota que ha escrito los obispos españoles acerca de las próximas elecciones generales. 

Nota ante las elecciones generales de 2011


1. El próximo día 20 de noviembre estamos todos convocados a las urnas. Con este motivo, los obispos ofrecemos a los católicos y a cuantos deseen escucharnos algunas consideraciones que ayuden al ejercicio responsable del deber de votar. Es nuestra obligación de pastores de la Iglesia orientar el discernimiento moral para la justa toma de decisiones que afectan a la realización del bien común y al reconocimiento y la tutela de los derechos fundamentales, como es el caso de las elecciones generales.

2. En su discurso sobre los fundamentos del derecho, pronunciado el mes pasado ante el Parlamento federal de Alemania, el Papa recordaba que “el cristianismo nunca ha impuesto al Estado y a la sociedad un derecho revelado, un ordenamiento jurídico derivado de una revelación. Se ha referido, en cambio, a la naturaleza y a la razón como verdaderas fuentes del derecho [...], la razón abierta al lenguaje del ser”. Nosotros hacemos nuestras consideraciones desde ese horizonte de los fundamentos prepolíticos del derecho, sin entrar en opciones de partido y sin pretender imponer a nadie ningún programa político. Cada uno deberá sopesar, en conciencia, a quién debe votar para obtener, en conjunto, el mayor bien posible en este momento.

3. No se podría hablar de decisiones políticas morales o inmorales, justas o injustas, si el criterio exclusivo o determinante para su calificación fuera el del éxito electoral o el del beneficio material. Esto supondría la subordinación del derecho al poder. Las decisiones políticas deben ser morales y justas, no sólo consensuadas o eficaces; por tanto, deben fundamentarse en la razón acorde con la naturaleza del ser humano. No es cierto que las disposiciones legales sean siempre morales y justas por el mero hecho de que emanen de organismos políticamente legítimos.

4. En concreto, como ha señalado el Papa en agosto, aquí en Madrid, la recta razón reconoce que hemos sido creados libres y para la libertad, pero que no actúan de modo conforme con la verdadera libertad quienes “creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces y cimientos que ellos mismos; desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar a cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento”.

5. Por todo ello, hemos de llamar de nuevo la atención sobre el peligro que suponen determinadas opciones legislativas que no tutelan adecuadamente el derecho fundamental a la vida de cada ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural, o que incluso llegan a tratar como un derecho lo que en realidad constituye un atentado contra el derecho a la vida. Son también peligrosos y nocivos para el bien común ordenamientos legales que no reconocen al matrimonio en su ser propio y específico, en cuanto unión firme de un varón y una mujer ordenada al bien de los esposos y de los hijos. Es necesario promover nuevas leyes que reconozcan y tutelen mejor el derecho de todos a la vida, así como el derecho de los españoles a ser tratados por la ley específicamente como “esposo” y “esposa”, en un matrimonio estable, que no quede a disposición de la voluntad de las partes ni, menos aún, de una sola de las partes.

6. La grave crisis económica actual reclama políticas sociales y económicas responsables y promotoras de la dignidad de las personas, que propicien el trabajo para todos. Pensamos en tantas familias, carentes de los medios necesarios para subvenir a sus necesidades más básicas. Pensamos también en el altísimo porcentaje de jóvenes que nunca han podido trabajar o que han perdido el trabajo y que, con razón, demandan condiciones más favorables para su presente y su futuro. Son necesarias políticas que favorezcan la libre iniciativa social en la producción y que incentiven el trabajo bien hecho, así como una justa distribución de las rentas; que corrijan los errores y desvíos cometidos en la administración de la hacienda pública y en las finanzas; que atiendan a las necesidades de los más vulnerables, como son los ancianos, los enfermos y los inmigrantes.

7. El ordenamiento jurídico debe facilitar el ejercicio efectivo del derecho que asiste a los niños y jóvenes a ser educados de modo que puedan desarrollar lo más posible todas sus capacidades. Debe evitar imposiciones ideológicas del Estado que lesionen el derecho de los padres a elegir la educación filosófica, moral y religiosa que deseen para sus hijos. En cambio, ha de ser facilitada la justa iniciativa social en este campo. La presencia de la enseñanza de la religión y moral católica en la escuela estatal - como asignatura fundamental opcional - es un modo de asegurar los derechos de la sociedad y de los padres que exige hoy una regulación más adecuada para que esos derechos sean efectivamente tutelados.

8. Recordamos de nuevo que se reconoce la legitimidad moral de los nacionalismos o regionalismos que, por métodos pacíficos, desean una nueva configuración de la unidad del estado español. Y también, que es necesario tutelar el bien común de la nación española en su conjunto, evitando los riesgos de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública por causa de pretensiones separatistas o ideológicas de cualquier tipo.

9. Una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer explícita ni implícitamente a una organización terrorista como representante político de ningún sector de la población, dado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión justa y razonable de la vida.

10. Ante los desafíos que se presentan a la comunidad internacional, son necesarias políticas guiadas por la búsqueda sincera de la paz, basadas en el respeto al derecho, nacional e internacional, así como en la promoción del entendimiento y de la solidaridad entre los pueblos y las culturas.

Pedimos al Señor de la paz y a su Madre santísima que iluminen a quienes vamos a votar, para que lo hagamos de manera verdaderamente libre y responsable.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Espíritu Santo, danos el fruto de la Fidelidad

“Dios es fiel en todas sus palabras, en todas sus obras” (Sal 145). La tónica general de la historia de Dios con el hombre es su fidelidad. Nada, ni siquiera el pecado, impide a Dios llevar adelante su plan de salvación, aunque el hombre caiga, una y otra vez, en la duda, en la traición, en la desidia o en la negación. La fidelidad a Dios es un deber que ha de nacer de un profundo y delicado amor. No es cuestión de voluntarismo, ni siquiera de méritos. Es el juego del amor, que no mide la grandeza o pequeñez de los actos, ni siquiera de los deseos, sino que sólo se preocupa de amar y más amar.

“En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu” (1 Jn 4,13). La fidelidad, gracias a la acción del Espíritu Santo, nos habla de permanencia. Permanecer en el amor no es, sin más, soportar con resignación, sino enamorarse de la fidelidad de Dios y corresponder con nuestra entrega concreta y constante. La fidelidad es fundamento de nuestra existencia cristiana, y garante de una conciencia que sabe actuar en cada momento, considerando qué es lo más adecuado para vivir coherentemente con lo que se ha recibido. Permanecer, en este sentido, es perpetuarse más allá de la materialidad cansina y rutinaria de las cosas. La fidelidad hace que el amor admire lo pequeño y hermoso que somos y tenemos, aunque otros no sepan reconocerlo, porque no pone el ejercicio de amar en las cosas sino en Dios mismo, y por Él mismo.

Pedimos al Espíritu Santo que la historia que nos toca vivir, la del día a día, no sea un tiempo más del calendario, sino un gran talento, la oportunidad de volcarnos, definitivamente, en manos del Dios fiel, capaz de amarnos sin que lo merezcamos.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

martes, 15 de noviembre de 2011

OPINIONES SOBRE LA IGLESIA

Es posible opinar sobre todo, pero mejor con fundamento. Por tanto, se pueden hacer juicios sobre la Iglesia, sobre actuaciones de hombres de Iglesia -no es lo mismo-, sobre determinados aspectos de la doctrina católica, etc., pero preferiblemente realizándolo con razones que cimenten la opinión. Un ejemplo:  es frecuente motejar como desfasada la doctrina de la Iglesia -¿cómo no?- en el tema sexual. Recientemente oí en la radio alguien que juzgaba así, afirmando como de sentido común la admisión de  todo en este campo. Ese "sentido común" sexual ya existía en la Roma imperial y no importó a los cristianos chocar con el ambiente. Escuché de niño que el sentido común es el menos común de los sentidos pero, además, la Iglesia no se guía  por el sentido común, sino por la revelación de Dios, que comporta y supera ese sentido.

            Otro ejemplo: un amigo me narraba lo expuesto por un compañero: le animaba al olvido momentáneo de su fe católica -naturalmente para evitar dogmas- y pasaba a continuación a fabricar una serie de juicios poco menos que infalibles sobre la Iglesia a partir de la pederastia, el gasto en las catedrales, curas con barragana, etc. Se huye del dogma que uno cree  procedente de Dios y se aplican rigideces humanas.

             No hay que asombrarse: ya le sucedió a Cristo de muy diversas maneras, tanto que la contradicción lo llevó hasta la Cruz. También podemos pensar en la interrogación a sus Apóstoles sobre lo que se decía de él: unos dicen que eres Elías, otros que Jeremías,  alguno de los profetas o Juan Bautista que ha resucitado. -Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Pedro en nombre del resto: -Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

            Bien, pues es necesario comenzar por ahí para entender la Iglesia. De otro modo, se puede opinar, pero se disparata más que sí yo intentara escribir sobre física cuántica. La Iglesia es lo que es. Y ninguno pretenda  que sea diversa, porque nadie lo ha conseguido en dos mil años a pesar de los muchos errores de los cristianos. Hay una línea que une Dios, Cristo, la Iglesia cuya ruptura origina otra realidad diversa. Lo que equivale a manifestar que hay un estrecho vínculo entre Revelación de Dios, Jesucristo como culmen de esa revelación, y la Iglesia -con su Magisterio- como medio para asegurar que no se desvirtúe  lo manifestado por Dios y se nos apliquen los méritos de Cristo. Puede no gustar, pero es así.

            La Iglesia es Cristo en la historia, una realidad gozosa, que no se quiebra a pesar de las maldades de los hombres. Si procuramos vivir esa realidad, "ser cristiano -decía Benedicto XVI en Luz del Mundo- no debe convertirse en algo así como un retrato arcaico que de alguna manera retengo y que vivo en cierta medida de forma paralela a la modernidad. Ser cristiano es en sí mismo algo vivo, algo moderno, que configura y plasma toda mi modernidad y que, en ese sentido, la abraza en toda regla". Abiertos, alegres, libres, hombres y mujeres de nuestro tiempo, apasionados por la verdad, lo que significa ser lo que Dios quiere, vivir su legado, y no la pretensión de crear una Iglesia muy lejana de la voluntad institucional de Cristo.

Publicado en  Levante-EMV el 30.09.11
Pablo Cabellos Llorente