LA PRESENCIA DE DIOS EN MEDIO DE LA HISTORIA DEL HOMBRE.



A lo largo de la historia, Dios ha hablado a los hombres de muchas maneras, hoy nos ha hablado por medio de Jesucristo. Él se hace hoy presente en medio de su Iglesia, la Iglesia que él ha querido fundar. Cristo, única promesa de felicidad, se hace presente en la realidad de cada día, en cada hombre y en cada acontecimiento.

Por ello, este blog lo que pretende es reconocer a través de los hechos en la Iglesia, la presencia de Dios en medio de su Pueblo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

LA VERDADERA ALEGRÍA

Cierto día el bienaventurado Francisco, estando en Santa María, llamó al hermano León y le dijo:
- Hermano León, escribe:

Este le respondió:

- Ya estoy listo.

- Escribe -le dijo- cuál es la verdadera alegría:

Llega un mensajero y dice que todos los maestros de París han venido a la Orden. Escribe: "No es verdadera alegría".

Y también que han venido a la Orden todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; que también el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: "No es verdadera alegría".

Igualmente, que mis hermanos han ido a los infieles y han convertido a todos ellos a la fe. Además, que he recibido yo de Dios una gracia tan grande, que curo enfermos y hago muchos milagros. Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.

- Pero ¿cuál es la verdadera alegría?

- Vuelvo de Perusa y, ya de noche avanzada, llego aquí; es tiempo de invierno, todo está embarrado y el frío es tan grande, que en los bordes de la túnica se forman carámbanos de agua fría congelada que hacen heridas en las piernas hasta brotar sangre de las mismas.

Y todo embarrado, helado y aterido, me llego a la puerta; y, después de estar un buen rato tocando y llamando, acude el hermano y pregunta:

- ¿Quién es?

Yo respondo:

- El hermano Francisco.

Y el dice:

- Largo de aquí. No es hora decente para andar de camino. Aquí no entras.

Y, al insistir yo de nuevo, contesta:

- Largo de aquí. Tú eres un simple y un paleto. Ya no vas a venir con nosotros. Nosotros somos tantos y tales, que no te necesitamos.

- Y yo vuelvo a la puerta y digo:

- Por amor de Dios, acogedme por esta noche.

Y él responde:

- No me da la gana. Vete donde están los mendigos y pide allí.

Te digo: si he tenido paciencia y no he perdido la calma, en esto está la verdadera alegría, y también la verdadera virtud y el bien del alma.

 

lunes, 26 de septiembre de 2011

PROXIMAMENTE: HISTORIAS DE LA HISTORIA DE LA IGLESIA por Alberto Royo Mejía.

A finales de este mes de septiembre, mi párroco Alberto Royo Mejía publicará su primer libro llamado "Historias de la Historia de la Iglesia". Actualmente aparte de párroco y de delegado del diaconado permanente de la diócesis, cabe destacar el de Vicario Judicial  y consultor de la Congregación para las causas de los santos. Alberto ya ha escrito en otras ocasiones otros muchos articulos que han publicado en periodicos digitales como intereconomía ó religión en libertad. Todas las semanas publica en su blog "historiadelaiglesia.com" articulos que nos ayudan a amar a nuestra madre la Iglesia, a conocerla tal cual el, nos hace descubrir como es el Espiritu Santo y no los hombres quien la dirigiren. La Iglesia lleva más de 2010 años de historía existiendo y vemos que lo que es de Dios siempre permanece y lo que es del hombre acaba por extinguirse. Os animo, queridos amigos de Si en la Iglesia, a que adquirais un ejemplar de este libro para ir descubriendo a través de pequeñas historias la belleza de la Iglesia.  

Agradezco de corazón a Alberto la dedicación que ha tenido para sacar adelante esta obra maestra que es fruto de su estudio y de su trabajo, gracias a este libro muchos de nosotros podremos conocer de cerca la historia de la Iglesia de Jesucristo.

Aquí os dejo un video que han hecho sobre esta obra. Más adelante publicará otro libro que se llama "Santos por las calles de Nueva York".



sábado, 24 de septiembre de 2011

“Anda, hijo, ve a trabajar hoy en la viña”.

La parábola del Evangelio de hoy nos relata la historia de dos hijos a los cuales el padre dice: “Anda, hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. Ante esta súplica imperada del padre, los hijos de la parábola toman actitudes muy distintas. El primero de los hijos da la impresión de ser muy sincero y responde directamente diciendo “no quiero”. Luego, después de la respuesta, recapacita, se arrepiente y obedece. Sin embargo, el segundo hijo hizo lo contrario, dijo “Voy Señor” y luego no fue. “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?” – pregunta El Señor-.
Jesús a través de esta parábola nos transmite dos enseñanzas claras para nuestra vida cristiana: el arrepentimiento en la vida cristiana y la obediencia plena al Padre.
El primer hijo respondió que no quería ir y luego arrepentido, fue. ¿Qué pudo ocurrir ahí? Claramente podemos decir que se realizó un cambio y una transformación en el modo de pensar “se arrepintió y fue”. A esto lo llamamos conversión. La primera condición para que se lleve a cabo la conversión del corazón es el arrepentimiento, si no tenemos conciencia de que somos pecadores y que necesitamos arrepentirnos para conseguir el perdón de Dios, no lograremos nunca alcanzar la conversión del corazón, porque nos creeremos que somos justos y que no necesitamos el perdón de Dios. Esto verdaderamente nos impide dar los pasos de la autentica conversión. El Señor pide que reconozcamos nuestros pecados, nos arrepintamos y volvamos a él de todo corazón.
La segunda enseñanza que nos transmite la parábola de hoy es la obediencia sin reserva a la voluntad de Dios.
El primer hijo descubrió que no estaba cumpliendo la voluntad de su padre. Algo en su interior le mostraba que estaba desobedeciendo. Al final recapacitó y fue. La figura de este primer hijo se asimila a lo que pasa en nuestras vidas, en ocasiones parece que nos revelamos ante lo que Dios quiere para nosotros, nos revelamos a su voluntad, a sus planes y no nos damos cuenta que en cumplir esta voluntad está el secreto de la autentica felicidad y la salvación de nuestras almas. El motivo suele ser casi siempre el ver que nuestra voluntad no coincide nunca con la de Dios. Esto ya nos lo decía el Señor en el Evangelio: Tus caminos no son mis caminos, ni tus planes mis planes”. Los pensamientos de Dios son siempre distintos al de los hombres. Debemos de pedirle al Señor que nos conceda la gracia de saber siempre aceptar con un corazón dócil su voluntad que se nos manifiesta cada día, a través de nuestras vivencias, situaciones y circunstancias. Esta muchas veces puede llegar a ser dolorosas, nos hará sufrir, pero sabemos con certeza que todo lo que el Señor permite lo hace para bien de aquellos que le amamos con todo el corazón.
María es el modelo perfecto para ver el cumplimiento de este Evangelio. Ella se entregó totalmente como la esclava del Señor a la persona y obra de su Hijo Jesucristo. Respondió a Dios abandonándose plenamente y sin reserva a su voluntad, manifestando su plena disponibilidad al proyecto que Dios tenía preparado para ella, ser la madre del Salvador. Con su obediencia plena al querer de Dios, está dispuesta plenamente a vivir todo lo que el amor divino tiene previsto para su vida, incluso aquellos momentos trágicos que iba a sufrir en primera persona, la muerte de su hijo. María nos enseña a fiarnos completamente de la voluntad de Dios, nos pide que nos adhiramos a ella con plena confianza aunque esta en ocasiones nos resulte dura e incluso incomprensible. María también tuvo momentos en los que no entendía los proyectos que Dios tenía preparado para ella, pero con su “sí” confiando trajo al mundo la salvación, al Hijo de Dios, Jesucristo. Que ella, la Virgen María, interceda por nosotros para que cuando escuchemos la voz del Señor que nos llama a seguirle respondamos siempre con prontitud y generosidad. Amén.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Corazón paciente de Jesús, ruega por nosotros

La paciencia es la confianza y la espera de los fuertes. Corazón paciente es el que sabe sufrir en paz. Sin protestar, sin pedir explicaciones, sin querer entender, sin desear que la prueba pase, sin aceptar ni amar nada que no sea la voluntad de Dios en ese momento. La verdadera paciencia –esa que no es mera resignación humana– nace de la fuerza de Dios, que habita en nosotros.  No es voluntarismo. Ni siquiera es condescendencia, o altruismo. Es fruto de esa caridad, que se alimenta de la contemplación de la paciencia de Cristo. Cuántas veces has experimentado en tu vida esa paciencia divina, que no se cansa de perdonarte siempre las mismas faltas, que sale en cada instante a tu encuentro, cada vez que vuelves cansado y desengañado del hambre de tantas algarrobas falaces y pasajeras.

Sólo el amor que mide sin medida es capaz de atisbar, en las pruebas y dificultades, la misteriosa caricia de la mano providente de Dios Padre. Y cuando parece que esa mano se cierra, o desaparece oculta detrás del denso misterio del dolor y de la prueba, nos queda aún esa otra mano invisible y oscura de la fe, con la que podemos asirnos más fuertemente, si cabe, al amor del Padre. ¿Quieres saber cómo debería ser la medida de tu amor paciente? Mira a la Cruz. Allí tu dolor quedará empequeñecido y tu amor se hará fuerte y magnánimo. Contempla también el corazón paciente de la Virgen Madre, en quien el Verbo encarnado aprendió las formas de su paciencia. El Señor siempre espera. Aprende tú también a tener paciencia, contigo mismo y con los demás, según las formas de Dios. La impaciencia se inquieta por lo que nos molesta, o por lo que no acaba de llegar. La paciencia, en cambio, nos hace estar y permanecer, como María, al pie de la Cruz.
Mater Dei
Archidiócesis de Madrid

martes, 20 de septiembre de 2011

A LA SOMBRA DE CRISTO


            Reiteradamente afirmó san Josemaría que le gustaba plantar árboles, cuya sombra disfrutasen generaciones futuras. Por varios motivos, he recordado esta idea durante la estancia del Papa en España. En primer lugar porque es un hombre de ochenta y cuatro años que lógicamente planta para un futuro que, en buena medida, no será el suyo. También lo he recordado, con el mismo simbolismo, en el olivo plantado en  la Puerta de Alcalá y en el árbol presente en el escenario de Cibeles. Es asentar el futuro por amor a Dios, a las gentes todas que poblamos el mundo.

            Pero el árbol capital es Cristo. Desde sus primeras intervenciones, ha dejado claro que el verdadero árbol, el de la Vida que sana esta vida, el de los frutos imperecederos, el que sombrea las verdes praderas en que nos hace recostar -según palabras de la Escritura- es Jesús de Nazaret o, si se quiere, es el árbol de la cruz en el que estuvo clavada la salvación del mundo, como recuerda la liturgia del Viernes Santo o tal como lo escuchamos en latín tras cada estación del Vía Crucis de la Castellana.

           Aunque escribo sin finalizar la JMJ, la invitación a radicarse en Cristo está siendo constante desde el principio. En Barajas definía así el motivo de su viaje: Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Para impulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros. Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos.

            También el Reino de Dios es comparado en el Evangelio a una pequeña semilla que va convirtiéndose en árbol frondoso, cobijo de aves y hombres. Ese árbol de la vida es la Iglesia, que nos alimenta con la oración, los sacramentos, el dolor asumido como parte de la Cruz liberadora, sea en los grandes males que padece el mundo, sobre todo el pecado, resumen de muchos de ellos -como se recordó particularmente en el piadoso Vía Crucis-, sea también en los sucesos más ordinarios de nuestra vida, dando sentido al trabajo, a las pequeñas contrariedades, a los dolores habituales, a todo.

            De otro modo, volvía en la recepción de Cibeles al mismo argumento: Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo.

            Así, insistía reiterativamente en la esencia del cristianismo, que no es una teoría, sino el seguimiento e identificación con una Persona: Cristo, el Dios hecho hombre para dar sentido a todo nuestro caminar terreno y permitirnos alcanzar la vida futura. Ha hecho referencias al sacramento de la Confesión -la maravilla de un Dios que perdona- porque ninguno somos perfectos ni impecables. Necesitamos redescubrir a Dios en la confesión personal, auricular y secreta.

            El Papa habló en conceptos substanciosos a sus "colegas", siempre con la misma partitura, adecuada a sus oyentes: Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. No en vano la fe cristiana creó las universidades buscando una verdad que siempre acaba enraizándose en el Logos, la Verdad creadora de cuanto ha sido hecho y la Palabra que se hace carne por amor al hombre. En Cristo, afirmará san Pablo están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia. Por eso, jamás puede haber oposición alguna entre razón y fe, se requieren y potencian mutuamente.
           
En la Misa conclusiva se expresaba así: El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestro principio.

            Un Papa que se marchó contento de España porque pudo sembrar mucho, estar muy acompañado y vivir la más grande manifestación de fe contemplada.
Pablo Cabellos Llorente
Publicado en LP el 23.08.11